VICTOR MANUEL CANTA A FRANCO
13 Abril 2009
10 Abril 2009
10 Abril 2009
10 Abril 2009
Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde (Ferrol, La Coruña, 4 de diciembre de 1892 - Madrid, 20 de noviembre de 1975), conocido como Francisco Franco o simplemente Franco, fue un militar y dictador español, y uno de los líderes del pronunciamiento militar de 1936 que desembocó en la Guerra Civil Española.
Fue elegido en octubre de 1936 Jefe Supremo del bando sublevado, ejerciendo como Jefe de Estado de España desde el término del conflicto, hasta su fallecimiento en 1975. Líder del partido único Falange Española Tradicionalista y de las JONS, fue inspirador del movimiento ideológico autoritarista conocido como franquismo, que aglutinó en torno al culto a su persona, a diferentes tendencias del conservadurismo, del nacionalismo y del catolicismo opuestas a la izquierda política y al desarrollo de formas democráticas de gobierno.
El inicio de la carrera militar de Franco quedó marcada por la Guerra del Rif en Marruecos, alcanzando la graduación de General en 1926. Durante la Segunda República Española, tras dirigir la Academia Militar de Zaragoza, le fue encomendada en otoño de 1934 la dirección de las operaciones militares para sofocar y reprimir el movimiento obrero armado que había declarado la revolución social en Asturias en 1934. Tras el triunfo del Frente Popular, descubierto el intento de golpe de Estado de varios generales, y existiendo sólo sospechas sobre sus integrantes, el Gobierno alejó de los centros de poder a los generales más proclives a la sedición, destinando a Franco a las Islas Canarias.[2]
En julio de 1936, Franco se une al golpe de estado liderado por el General Mola contra el gobierno de la Segunda República Española. El golpe fracasó y dio lugar a una guerra civil, y tras las sucesivas muertes de Sanjurjo primero (a pocos días del golpe) y de Mola (ya durante la guerra), ambos en accidente aéreo, Franco ve el camino libre para convertirse en líder indiscutible de los sublevados. Es designado Comandante en Jefe del Ejército de África y Jefe del Estado Mayor.
Después de la victoria en la Guerra Civil del bando sublevado se inició una durísima represión contra los opositores.[3] Durante la Segunda Guerra Mundial, Franco mantuvo una política oficial de neutralidad; sin embargo, ayudó de diferentes formas a la Alemania Nazi y, en menor escala, a la Italia Fascista, contra la Unión Soviética. La forma más conocida de colaboración fue el envío de tropas (la denominada como División Azul) para ayudar a los alemanes en la campaña de Rusia. Antes de la invasión de la Unión Soviética por el Ejército alemán, Franco y Hitler se reunieron en Hendaya el 23 de octubre de 1940.
Durante la Guerra Fría, los Estados Unidos establecieron una alianza diplomática con Franco, debido a su adhesión a los principios anticomunistas. Años después, el presidente de los Estados Unidos Richard Nixon apoyó a Franco visitando España, y después de su visita declaró que Franco había sido «un fiel amigo y aliado de los Estados Unidos».
En lo social, Franco intentó establecer un régimen inspirado en el corporativismo (no en el neocorporativismo de los fascistas, sino en el paleocorporativismo de la Edad Media), el nacionalismo (frente al carácter independentista de diversos nacionalismos periféricos) y la insistencia en los valores tradicionales (religión, familia, propiedad, autoridad, etc.).
Desde 1947 y hasta su muerte fue de facto regente de España, gobernando como un dictador a través de la represión de las opiniones disidentes, institucionalizado la tortura, los campos de concentración (como Los Merinales en Sevilla, San Marcos en León, Castuera en Extremadura, y el campo de Miranda de Ebro), pesadas penas de prisión, y la aplicación de la pena de muerte contra delincuentes y opositores políticos. Después de su muerte, España inició una transición hacia la democracia.
Nacido como Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde en Ferrol (La Coruña). Su padre, Nicolás Franco y Salgado de Araújo, fue capitán de la Marina, y su madre, María del Pilar Bahamonde y Pardo de Andrade, provenía de una familia que tenía una tradición de servicio en la marina, incluidos sus hermanos Nicolás, oficial de marina y diplomático, y Ramón, un pionero aviador que fue odiado por muchos de los seguidores de Francisco Franco. La madre de Franco, a través del séptimo Conde de Lemos y su esposa, la tercera Condesa de Villalva, descendiente de la realeza portuguesa por dos ascendentes: de una hermana del rey Manuel I de Portugal, y de otros reyes portugueses.
Franco seguiría a su padre en la Armada, pero la admisión a la Academia Naval fue cerrada desde 1906 a 1913. Para disgusto de su padre, Franco decidió incorporarse al ejército español. En 1907, ingresó a la Academia de Infantería de Toledo,[4] en la que obtuvo el despacho de Alférez en 1910.
Fue ascendido a teniente. Dos años más tarde, fue destinado a Marruecos. Los esfuerzos españoles por ocupar físicamente su nuevo protectorado en África provocó la prolongada Guerra del Rif (1909-1927) con los marroquíes. Las tácticas usadas en el momento dieron lugar a grandes pérdidas entre los oficiales del Ejército español, pero también le dieron la oportunidad de ascender por sus méritos. Se decía que en la guerra los oficiales recibirían un «ataúd o faja de general». En el desastre político-militar que fueron las guerras de Marruecos, se había establecido una práctica nefasta, contra toda lógica militar sensata. Los ascensos y medallas solían concederse para recompensar un mal entendido heroísmo, que se medía en función del número de heridas recibidas, y no de los resultados militares reales, desconsiderando las pérdidas de vidas humanas, sacrificadas en ataques a pecho descubierto. Un sistema de valoración de méritos que proporcionó, mayoritariamente, ascensos y recompensas a los oficiales de Infantería y Caballería, supervivientes de algunos disparatados ataques, en detrimento de otros militares, tales como los artilleros y los médicos, o los destinados en servicios complementarios, sin cuyo concurso la guerra no podía ser llevada a cabo con éxito.
En este sentido Franco se ganó pronto la reputación de ser un buen oficial. Se incorporó a la recién formada Fuerzas Regulares Indígenas, unidad colonial españolas que actúan como tropas de choque.
En 1916, a la edad de 23 años fue ascendido a capitán, fue gravemente herido en una escaramuza en El Biutz. Su supervivencia le mereció la fama de «hombre de baraka» (buena suerte) a los ojos de las tropas nativas. También se le propuso, sin éxito, para la más alta recompensa militar al valor del Ejército español, la codiciada Cruz Laureada de San Fernando. En lugar de ello, fue ascendido a comandante, convirtiéndose en uno de los más jóvenes oficiales en alcanzar dicho empleo del Ejército español.
Desde 1917 hasta 1920, dejó las islas y fue asignado a tierra firme española. Aquél año, el teniente coronel José Millán Astray, un histriónico pero carismático oficial, fundó la "Legión Extranjera", unidad similar a la Legión Extranjera Francesa. Franco se convirtió el segundo en el mando en la Legión, y regresó a África.
El 24 de julio de 1921, el mal comandado y exhausto ejército español sufrió una aplastante derrota en Annual a manos de las tribus rifeñas, encabezadas por los hermanos de Abd el Krim. La Legión simbólicamente, si no materialmente, salvó a los enclaves españoles de Melilla después de una agotadora jornada de tres marchas forzadas dirigidas por Franco. En 1923, ya un teniente coronel, fue nombrado comandante de la Legión.
Ese mismo año, el 16 de octubre, se casó con Carmen Polo en la iglesia de San Juan; con quien tuvo una hija, María del Carmen, quien nació en 1926. Como un acto especial de honor, su padrino en la boda fue el Rey Alfonso XIII representado por el general Antonio Olsada,[5] un hecho que le marcaría durante la República, como oficial monárquico.
Ascendido a coronel, Franco dirigió a la primera oleada de tropas de tierra en Alhucemas en 1925. Este desembarco en el corazón de la tribu de Abd el Krim, junto con la invasión francesa del sur, significó el comienzo del fin de la corta República del Rif.
Según la propaganda franquista fue el general más joven de Europa en 1926, aunque hoy día algunos autores discuten esa afirmación.[6] Franco fue nombrado en 1928 director de la recién creada Academia Militar Mixta en Zaragoza, un nuevo colegio para todos los cadetes del ejército, en sustitución de la antiguas instituciones separadas para jóvenes aspirantes a convertirse en oficiales de infantería, caballería, artillería, y otras ramas del ejército.
En la promulgación de la II República, Franco estuvo tentado de intervenir en Madrid con los cadetes en defensa de Alfonso XIII, pero comunicándole su intención al general Millán Astray, éste le hizo partícipe de una confidencia del general Sanjurjo, según la cual, no se contaba con los apoyos suficientes; principalmente, no se contaba con la Guardia Civil. Esto le hizo desistir. Al día siguiente, el día 15 de abril, Franco dictaba una orden a los cadetes: "Si en todos los momentos han reinado en este centro la disciplina y el exacto cumplimiento en el servicio, son aún más necesarios hoy, en que el Ejército necesita, sereno y unido, sacrificar todo pensamiento e ideología al bien de la nación y a la tranquilidad de la Patria".[7] Franco desde esos primeros momentos se mostró reticente a la República; y en julio, pasados tres meses, cuando Manuel Azaña (entonces Ministro de Defensa), dentro de sus acciones que conducían a reducir los gastos del Ejército,[8] cierra la Academia Militar de Zaragoza, en un encendido discurso de clausura se posiciona abiertamente contra ella. Azaña incluyó una nota desfavorable en su hoja de servicios; y cerrada la academia, Franco se encontró en situación de disponible forzoso durante los siguientes ocho meses, hasta que en febrero de 1932 se le destinó a La Coruña como jefe de aquella brigada de Infantería.
En julio de 1932, cuatro semanas antes de la Sanjurjada, Sanjurjo se entrevistó en secreto con Franco para pedirle su apoyo en el pronunciamiento. Franco no se lo dio, pero fue tan ambiguo, que Sanjurjo pudo llegar a pensar que dado el golpe, podría contar con él.[9] La entrevista fue en Madrid, de regreso a La Coruña, Franco pidió un permiso para ausentarse de su puesto durante unos días y acompañar a su esposa y a su hija en un viaje por las Rías Bajas. El permiso le fue denegado al tener que ausentarse el general de División de la plaza. En el momento del pronunciamiento, Franco se encontraba en La Coruña asumiendo, en funciones, el mando de la plaza no uniéndose a los sublevados. Fracasado del golpe, Sanjurjo fue enviado a consejo militar y solicitando a Franco que lo defendiera, éste se negó.[10]
En febrero de 1933, tras quejarse Franco de haber perdido puestos en el escalafón, Azaña lo destinó a las islas Baleares. Este destino significaba un ascenso, era un destino que normalmente habría correspondido a un general de División y bien podría formar parte de los esfuerzos de Azaña por atraer a Franco a la órbita republicana, recompensándole por su pasividad durante la Sanjurjada:[11]
He recibido en el ministerio al general Vera, que manda la 8ª división. Me dice que el general Franco está muy enojado por la revisión de ascensos. De hacer el número uno de los generales de brigada, ha pasado a ser el veinticuatro. Es lo menos que ha podido ocurrirle. Yo creí durante algún tiempo que aún descendería más. Se propone elevar una instancia suplicando que se revise su caso. Voy a enviarlo a mandar Baleares, donde estará más alejado de tentaciones.
Diario de Manuel Azaña, 8 de febrero de 1933.[12]
El 19 de noviembre y 3 de diciembre de 1933 se celebraron elecciones generales que dieron la victoria a la formación de derechas CEDA de Gil-Robles. El nuevo Gobierno, a finales de marzo de 1934, ascendió a Franco a general de División, alcanzando así el techo de su carrera militar, ya que la República había suprimido el empleo de teniente general.
El triunfo de la derecha en las elecciones de 1933 propició que la coalición Radicales-CEDA emprendiera la anulación de las reformas que tímidamente se habían iniciado.[13] Paralelamente, en la formación socialista los moderados fueron desplazados por los miembros más radicales. Besteiro se vio marginado y Largo Caballero e Indalecio Prieto adquirieron todo el protagonismo.[14] Los historiadores han denominado a este periodo hasta finales de 1935 "el bienio negro", para señalar que fueron años reaccionarios y marcados por el fascismo.[15] El agravamiento de la crisis económica, el retroceso de las reformas y las radicales proclamas de los líderes de la izquierda crearon un ambiente de sublevación popular. En las zonas donde los anarquistas eran mayoría se sucedieron las huelgas y los enfrentamientos de trabajadores con las fuerzas de Orden Público. En Zaragoza, un conato de insurrección, en el que se levantaron barricadas y se ocuparon edificios públicos, fue sofocado con la intervención del Ejército.
El 26 de septiembre de 1934 se anunció la formación de un nuevo gobierno presidido también por Lerroux al que se incorporaron tres miembros de la CEDA. La actitud revanchista del anterior gobierno Lerroux y la identificación de la CEDA con posiciones fascistas[16] [17] provocó la reacción de la izquierda. La UGT, los comunistas y los nacionalistas catalanes convocaron una insurrección que se materializó en diversas zonas del país como Cataluña, el País Vasco y, principalmente Asturias, donde se unió la CNT. Si en otros lugares fue sofocada con relativa facilidad, no ocurrió así en Asturias. Los mineros asaltaron la fábrica de armas de Trubia, ocuparon los edificios públicos (a excepción de la guarnición de Oviedo y la Comandancia de la Guardia Civil de Sama) y detuvieron la columna del general Milán de Bosch que acudió desde León. Se cometieron asesinatos, principalmente de sacerdotes y guardias civiles, se quemaron iglesias y se saquearon edificios oficiales.
Franco se había convertido en el general más valorado por los sectores de la derecha, el haber estado alejado del anterior gobierno de izquierdas, permitió que no se le identificase como adicto a la República, y, tras la formación del gobierno Lerroux, se vio privilegiado por su ministro del Ejército Diego Hidalgo (quien lo propuso para el ascenso de general de División). En septiembre se encontraba, invitado por Hidalgo, en las maniobras que se realizaron en la provincia de León. Cuando el 4 de octubre estalló la insurrección, Hidalgo requirió a Franco para que, como asesor y desde Madrid, coordinase las operaciones. Se hizo venir a la Legión y a los Regulares de África, una fuerza de 18.000 soldados que, al mando del coronel Yagüe, se integraron con otras unidades traídas de León, Galicia y Santander bajo el mando supremo del general López Ochoa. Las fuerzas traídas de África y dirigidas por Yagüe se distinguieron por su especial crueldad. La represión fue despiadada, y las tropas extranjeras, con el beneplácito de sus jefes, se dedicaron al pillaje, con una brutalidad que dejó atónitos a los mineros sublevados.[18]
La insurrección y su posterior represión provocaron más de 1.500 muertes,[14] abriendo una brecha entre la derecha y la izquierda que no lograría superarse. Los muertos de uno y otro lado alimentaron el odio y el rencor en ambos bandos.
El 15 de febrero de 1935 el Gobierno le concedió la Gran Cruz del Mérito Militar y le nombró Jefe de las tropas de Marruecos. Sólo tres meses después de tomar posesión de su cargo en África, tras otra crisis política que propicia una nueva remodelación del Gobierno, y entrando Gil-Robles como ministro de la Guerra, Franco regresa a la península nombrado Jefe del Estado Mayor, cargo de máximo prestigio que desempeñará hasta el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936.
A finales de 1935 la corrupción del gobierno Lerroux es destapada por el caso straperlo. El Presidente Alcalá Zamora le exige la dimisión, cae el gobierno y deben convocarse nuevas elecciones. Con la caída del gobierno, ante la expectativa de unas elecciones en las que existe la posibilidad de que las gane la izquierda, arrecian los movimientos en contra de la República. La CEDA y sectores del Ejército conspiran para impedir la consulta mediante un golpe de Estado. Franco es requerido desde sectores militares y civiles para que participe en el complot; pero éste, sin rechazarlo, no se une al mismo, manteniendo una posición ambigua. Se conoce el encuentro que tuvo con Primo de Rivera, jefe de la Falange, días antes de las elecciones por las memorias de Serrano Súñer, amigo de ambos:
Fue una entrevista pesada y para mí incómoda. Franco estuvo evasivo, divagatorio y todavía cauteloso. Habló largamente; poco de la situación de España, de la suya y de la disposición del Ejército, y mucho de anécdotas y circunstancias del comandante y el teniente coronel tal,... [...] José Antonio quedó muy decepcionado y apenas cerrada la puerta del piso tras la salida de Franco (habíamos tomado la precaución de que entraran y salieran por separado) se deshizo en sarcasmos hasta el punto de dejarme a mí mismo molesto, pues al fin y al cabo era yo quien los había recibido en mi casa. "Mi padre -comento José Antonio- con todos sus defectos, con su desorientación política era otra cosa. Tenía humanidad, decisión y nobleza. Pero estas gentes..."
Memorias, Serrano Súñer.[19]
En enero de 1936, los rumores de la preparación de un golpe militar y su supuesta participación en el mismo se extendieron hasta llegar a conocimiento del presidente del Consejo Provisional Manuel Portela. Portela envió al director general de Seguridad Vicente Santiago al ministerio de la Guerra para que se entrevistase con Franco; éste, todavía jefe del Estado Mayor, se mostró nuevamente esquivo, manifestándole que no conspiraría hasta que no existiese un "peligro comunista en España".[20]
Las elecciones del 16 de febrero de 1936 fueron ganadas por el Frente Popular. Tanto Franco como Gil-Robles, de manera coordinada, trabajaron incansablemente para revocar la decisión de las urnas. El 17 de febrero a las tres y cuarto de la madrugada, nada más conocerse los resultados, Gil-Robles se dirigió al ministerio de la Gobernación y, entrevistándose con Portela, intentó convencerle para que suspendiera las garantías constitucionales y decretara la ley marcial.[21] Paralelamente Franco, esa noche, telefoneó al director de la Guardia Civil el general Pozas quien se mostró contrario a la iniciativa. Posteriormente presionó al ministro de la Guerra, el general Nicolás Molero, para que impusiera la ley marcial y obligara a Pozas a sacar a la Guardia Civil a la calle.
A la mañana siguiente se reunió el Gobierno para debatir sobre la implantación de la ley marcial. Resultado de la reunión fue la declaración del estado de alarma durante ocho días y otorgar a Portela la potestad de declarar la ley marcial en el momento que lo estimase oportuno. Franco, aprovechando el conocimiento que tuvo de la potestad otorgada, como Jefe del Estado Mayor, envió órdenes a las diferentes regiones militares. Zaragoza, Valencia, Alicante y Oviedo decretaron el Estado de Guerra, otras capitanías se mostraron indecisas; pero, principalmente, al no sumarse la Guardia Civil a la intentona, ésta se vio frustrada. Ante el fracaso, cuando Franco por fin vio al jefe de gobierno por la tarde, hábilmente jugó a dos bandas. En los términos más corteses, Franco le dijo a Portela que, ante los peligros que constituía un posible gobierno del Frente Popular, le ofrecía su apoyo y el del Ejército si permanecía en el poder.[22]
Tras las elecciones, y superados estos incidentes, Azaña fue nombrado Presidente del Gobierno. Historiadores coinciden en que Azaña no advirtió la magnitud de la conspiración minusvalorándola. Conocía la existencia del complot aunque no conociera los detalles ni exactamente sus participantes, también sabía el ambiente conspiratorio presente en la derecha y en sectores del Ejército; y entre las escasas medidas que tomó, una fue la de alejar de los centros del poder a aquellos generales que consideraba más proclives al pronunciamiento. El general Goded fue destinado a las islas Baleares y Franco, perdiendo la jefatura del Estado Mayor, fue enviado como comandante general a las islas Canarias.[23] Franco lo consideró como un destierro.
Como hubo que repetir las elecciones en dos circunscripciones, Cuenca y Granada, la CEDA ofreció a Franco un puesto en las listas de Cuenca que le garantizaba salir elegido. Franco ya estuvo tentado de presentarse a diputado en las elecciones del 1933. Sea que le atrajera la actividad política o que quisiera adquirir la inmunidad parlamentaria, Franco aceptó; pero presentándose en esa misma lista José Antonio Primo de Rivera, éste no admitió compartir lista con Franco y lo vetó. Serrano Súñer viajó a Canarias, se supone que con la misión de convencerle para que se retirase; el resultado del viaje fue que Franco renunció a presentarse.[24]
Desde sus comienzos, la República estuvo amenazada por tramas conspirativas. Franco fue requerido para participar en estas conspiraciones mostrándose siempre indeciso y ambiguo. El verano de 1933, el general Sanjurjo, desde la cárcel diría: "Franquito es un cuquito que va a lo suyito". En 1936 no habría cambiado de opinión: "Franco no hará nunca nada porque es un cuco".[25] las memorias de Serrano Súñer revelan la exasperación que produjo en José Antonio Primo de Rivera su indeterminación. Y en junio de 1936 sus compañeros, los generales implicados en la conspiración, se referían a él como "Miss Islas Canarias 1936" para significar sus vacilaciones e indecisión:[26]
La imprecisión, vacilaciones y coqueteos políticos de Franco llegaron a enfurecer de tal manera a Mola y al grupo de conspiradores de Pamplona que éstos acabaron llamándole en privado con el mote de "miss Islas Canarias 1936".
José Mª Iribarren, conversación con Stanley G. Payne en Pamplona el 25/11/1958.[27]
Tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 estas tramas conspirativas convergen y adquieren fuerza. Fracasados los esfuerzos para proclamar la ley marcial que anulase las elecciones, los conspiradores continuaron reuniéndose. El 8 de marzo, un día antes de que partiera con destino a las islas Canarias, Franco asistió a una reunión con otros generales en el domicilio del corredor de bolsa José Delgado, amigo de Gil-Robles. Entre otros, se reunieron Mola, Fanjul, Varela y Orgaz, así como el coronel Valentín Galarza, jefe de la UME (Unión Militar Española). Los reunidos decidieron que el golpe lo comandara Sanjurjo, Franco se limitó a sugerir astutamente que cualquier pronunciamiento debería carecer de etiqueta determinada alguna. No contrajo compromisos firmes.[28] De una u otra forma, se había visto involucrado en la conspiración contra el Frente Popular desde un comienzo, y, sin embargo, se mostraba muy reticente a comprometerse en cualquier propuesta específica de revuelta armada.[29]
Con Franco en Canarias, la sublevación sigue su curso. Mola, designado por Sanjurjo, se encargó de coordinar los preparativos. En abril dio su primera instrucción en la que incluía los métodos que debería seguirse en el momento del golpe: "Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta, para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos, para estrangular los movimientos de rebeldía o huelga".[30] Los dos próximos meses, Mola los dedicará a preparar el golpe de Estado.
Franco, informado puntualmente de la conspiración, en todo momento se mostró reticente. Según Paul Preston, "La idea de no poder dar marcha atrás ni cambiar de opinión debía ser para él poco menos que una de las torturas del infierno". Ante el entusiasmo del general Orgaz, Franco le comentaría: "Estás realmente equivocado, va a ser enormemente difícil y muy sangriento. No contamos con todo el ejército, la intervención de la Guardia Civil se considera dudosa y muchos oficiales se pondrán del lado de la autoridad constitucional, algunos porque es más cómodo; otros, a causa de sus convicciones. No se debe olvidar de que el soldado que se rebela contra la autoridad constitucional nunca puede echarse atrás ni rendirse, porque será fusilado sin pensárselo dos veces".[31]
Mola, en un segundo comunicado, el 25 de mayo, concretaba las estrategias para el levantamiento en las diferentes regiones militares. En ese momento, Franco todavía se muestra indeciso. El 30 de mayo un emisario de los conspiradores llegó a Canarias para asegurar su participación y que abandonase "tanta prudencia". El coronel Yagüe le dijo a Serrano Súñer que le desesperaba la mezquina cautela de Franco y su negativa a correr riesgos.[32] Mola también se sintió molesto, consideraba que la participación de Franco, con su prestigio entre la derecha española y en el Ejército, era imprescindible para el éxito del pronunciamiento.
La situación social se agravó en estos meses. El paro se disparó y las dificultades para hacer avanzar las reformas frustraban las expectativas que suscitó el triunfo del Frente Popular. Los enfrentamientos en la calle se multiplicaron. La Falange practica su táctica de acoso e intenta crear un clima de terror. La Falange y los anarquistas practican la "acción directa". Una locura asesina a la que el tiempo otorgará la dimensión de suicida se apodera de los anarquistas y los campesinos pobres.[33] El odio y el temor al adversario se hizo presente lo mismo en la izquierda como en la derecha. La inacción del Gobierno ante la violencia y el catastrofismo de la prensa y los líderes derechistas alimentaron el pánico de las clases media y alta a la amenaza comunista.[34] Y la oligarquía financiera y los terratenientes se retiraban, algunos a Biarritz o París, permaneciendo a la expectativa o sumándose con su financiación a la conspiración.
Los rumores de la conspiración debieron llegar al Gobierno, pero éste, como en el caso de la violencia, no actuó con la suficiente firmeza.[35] El entonces ministro de la Guerra y presidente del Gobierno, Casares Quiroga, quiso decapitar la conspiración de Marruecos desplazando al coronel Yagüe, pero titubeó ante la cerrazón de éste y lo mantuvo en su puesto. También, un intento de descubrir la conspiración se frustró. El general Mola fue señalado como posible conspirador. El 3 de junio se envió a Pamplona decenas de camiones cargados de policías para efectuar un minucioso registro (con la excusa de investigar el tráfico de armas a través de la frontera francesa), pero Mola fue advertido por el coronel Galarza con tiempo suficiente para ocultar cualquier huella de la conspiración.
El 23 de junio Franco envió una carta al presidente del Gobierno Casares Quiroga advirtiéndole del descontento existente en el seno de ejército y brindándose para corregir esa situación. La carta era una obra maestra de ambigüedad. Se insinuaba claramente que si Casares concedía el mando a Franco, podría desbaratar las conspiraciones. En esa etapa, Franco, ciertamente habría preferido lo que él consideraba restaurar el orden, con la sanción legal del gobierno, en vez de arriesgarlo todo en un golpe.[36] Muchas veces se ha sugerido la pregunta sobre cuáles eran las intenciones de Franco. Algunos han querido ver en esta carta una última muestra de lealtad hacia el gobierno legítimo. Otros la han interpretado como una maniobra destinada a cubrirse las espaldas en caso de fracaso.[37] En la carta se instaba al gobierno para que se dejase aconsejar por los generales que, "exentos de pasiones políticas", se preocupaban por las inquietudes y preocupaciones de sus subordinados ante los graves problemas de la Patria. Casares Quiroga no respondería a la carta.[38]
A finales de junio los preparativos del pronunciamiento estaban prácticamente ultimados, únicamente faltaba cerrar el acuerdo con los carlistas y asegurar la participación de Franco. Yagüe y Francisco Herrera (amigo personal de Gil-Robles) recibieron el encargo de convencerle para que se sumarse, y a finales de junio Franco debió llegar a algún compromiso, porque el 1 de julio Herrera llegó a Pamplona para que Mola diese el visto bueno al plan según el cual se alquilaría un avión para que trasladase a Franco desde Canarias a Marruecos.
El 3 de Julio Mola dio el visto bueno al plan. El día 4 el financiero Juan March, instalado en Biarritz, entregó un cheque en blanco al marqués de Luca de Tena, propietario del diario ABC, para financiar la operación. El avión se alquiló en Londres, un Dragon Rapide que el día 12 ya se encontraba en Casablanca en espera de concretarse el día del pronunciamiento. Ese mismo día Franco envió un comunicado cifrado a Mola en el que planteó su retirada alegando "geografía poco extensa", lo que significaba que no se unía al plan por considerar que no se contaba con suficientes apoyos. Cuando Mola leyó el mensaje, montó en cólera y furioso tiró el papel al suelo. El general Sanjurjo sentenciaría: «Con Franquito o sin Franquito» el alzamiento va adelante.[39]
El día 13, en Madrid, fue asesinado Calvo Sotelo por miembros de la Guardia de Asalto como represalia por el asesinato de su mando el teniente José del Castillo. La noticia de estos asesinatos provocó la indignación general, sectores de la derecha se mostraron especialmente activos y convocaron a la sublevación militar como único medio de restaurar el orden. Numerosos indecisos se sumaron a la conspiración, los rumores de un inminente golpe de Estado se extendieron y, por la tarde, Indalecio Prieto visitó a Casares en nombre de los socialistas y los comunistas para pedirle que distribuyera armas entre los trabajadores ante la amenaza de pronunciamiento, algo a lo que éste se negó. El día 14 Mola recibe otro mensaje de Franco que le transmite su decisión de unirse a la conspiración. Es evidente que el general Franco no se distinguió por su rebeldía o resolución el 18 de julio de 1936, circunstancia que sus hagiógrafos se han encargado de silenciar debidamente.[40]
A pocas semanas del golpe de Estado, en el momento en que el general Francisco Franco Bahamonde está a punto de convertirse en Franco a secas, hubiese sido decisivo saber si actuaba movido por un sentido del deber o por estrategia. Pero ese general corriente posee un rasgo excepcional: a partir de 1936, hasta su muerte, es y desea ser impenetrable. Nunca, ni en conversaciones privadas ni en entrevistas públicas, revelará cuáles habían sido sus intenciones últimas aquel verano de 1936, y sólo ofrecerá sistemáticamente algunos datos contradictorios.[41]
Con el Dragon Rapide ya en Gando, Gran Canaria, Franco deberá trasladarse allí desde su residencia de Tenerife sin levantar sospechas. A dos días de la fecha del levantamiento, el 16 de julio, el comandante militar de Gran Canaria, el general Amado Balmes, muere de un disparo en el estómago.[42] Su muerte permite que Franco se traslade a Gran Canaria sin levantar sospechas con la excusa de asistir a su entierro. También permite que el general Orgaz, que siempre estuvo implicado en la conspiración, sea el encargado de llevar a cabo el levantamiento en las islas Canarias. Franco, cuando el día 18 parte para Marruecos, le deja órdenes rigurosa
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